martes, 12 de abril de 2011

Cultivar una mente espaciosa.

Si llevamos nuestra atención a la mente y su contenido, no tendremos que hacer un esfuerzo muy grande para hacer inventario de la información que encontramos, lo curioso es que con tan poco, llenemos todo su espacio a base de repeticiones, con facilidad podremos darnos cuenta del escaso lugar que dejamos para lo nuevo, para el presente.
 
Mantenemos nuestra mente llena, buscando soluciones, comparando, imaginando los mejores o los peores escenarios, haciendo planes; en pocas palabras, saltando del pasado al futuro y apenas sobrevolando en el presente, para el cual tenemos asignado el "piloto automático" que nos asegura -casi que los mínimos para- permitirnos seguir con vida, así la mente puede seguir inmersa en sus “pensamientos”.  

Y cuando uno logra detenerse y observar con honestidad, cuesta aceptar que, mientras nuestra mente se entretiene saltando presa de los juicios, las interpretaciones o las cosas pendientes, es el piloto automático el que se relaciona con la pareja, hace la cena y nos alimenta; la dificultad se encuentra en que al ser “automático” poco o nada nos reporta acerca de sensaciones o emociones del presente, obligándonos a vivir en las del pasado.

Habitar el presente con la atención necesaria, siendo concientes de donde estamos, quien nos acompaña, como nos sentimos, los olores que nos rodean, nuestra propia respiración, proporciona a nuestra mente el espacio suficiente para relajarnos y “Ser”, y es en este espacio en el que surgen las respuestas, no en la carrera desesperada de la mente, sino en esa apertura al presente, allí es donde residen la creatividad y la vida.

A veces es necesario salir de la mente a dar un paseo y utilizar nuestros sentidos, oler, tocar, saborear, sentir; tal vez todo es tan sencillo que lo único que necesitemos sea esto.